Mi Power
Un futuro sostenible requiere un cambio de paradigma en la forma en que diseñamos nuestras sociedades y economías. La clave reside en ampliar el concepto de valor en los procesos de toma de decisiones. No debemos limitarnos a optimizar la rentabilidad financiera de las inversiones, sino optimizar el valor desde una perspectiva holística, donde las consecuencias ambientales, climáticas, sociales y sanitarias de una decisión también se valoren e incluyan en la ecuación, junto con las implicaciones financieras. ¿Cómo podemos garantizar un futuro sostenible donde todos los seres vivos prosperen y donde respetemos los límites del planeta, si actuamos simultáneamente como individuos que buscan maximizar sus ganancias bajo el supuesto de recursos ilimitados?
No me malinterpreten. El crecimiento económico y la creación de valor desde una perspectiva financiera son buenos e importantes, pero deben realizarse teniendo en cuenta el bienestar del planeta y de la humanidad. En este sentido, mantengo un optimismo moderado. En mi trabajo en asesoramiento económico, observo que los altos ejecutivos, tanto del sector público como del privado, equilibran la rentabilidad financiera con las consecuencias sociales, ambientales y climáticas en los procesos de toma de decisiones estratégicas. Y los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en las transacciones e inversiones no son solo una cuestión de cumplimiento, sino también de oportunidades comerciales. El trabajo con tres balances de resultados o unidades de valor se está convirtiendo cada vez más en una realidad. Por ejemplo, la moneda, los equivalentes de CO2 y los años de vida ajustados por bienestar (WALY).
El desarrollo está impulsado por empresas que desean construir un mundo mejor mañana. Pero una estrategia empresarial sostenible también es clave para obtener los mejores resultados financieros a largo plazo. Las empresas no pueden marcar la diferencia si no son financieramente sostenibles. Sin embargo, la sostenibilidad financiera depende de que las empresas puedan vender sus productos y acceder a los recursos necesarios, tanto materiales como personal, lo cual resulta cada vez más difícil y conlleva grandes riesgos si la empresa no tiene en cuenta los aspectos ambientales y sociales.

